El guerrero de los mundos

La nostalgia está llena de trampas. Libros, tebeos o películas de los que guardamos un recuerdo agradable pueden desmoronarse como un castillo de naipes en una relectura (o re-visionado) varios años después. De mi tierna infancia pasada entre cómics de superhéroes y libros de ciencia ficción mi memoria había almacenado como entrañable un tebeo que, en cierto modo, era una continuación, trasplantada a un entorno más o menos super heroico, de la novela de H. G. Wells La guerra de los mundos. Recordaba con agrado la historia de este Killraven, antiguo gladiador para unos marcianos llegados en una segunda invasión y que luego lideraría la rebelión contra estos.

Ediciones Forum me pemitió recuperar años más tarde estas historias y enfrentar la realidad con lo almacenado en mi memoria.

Y lo cierto es que, en este caso al menos, la nostalgia no me había jugado una mala pasada. Killraven parece ahora un producto atípico de Marvel Comics, pero no lo fue en su época, unos años setenta en los que la editorial americana se embarcó, con mejor o peor fortuna, en varios experimentos que se apartaban de su corriente principal de superhéroes. A caballo entre la ciencia ficción post-apocalíptica, el western y la mística sicodélica, en cierto modo Killraven tiene mucho de antecedente de la serie que Doug Moench y Paul Gulacy escribirían en los ochenta para la DC: Slash Maraud.

Con unos principios un tanto vacilantes, el tebeo comienza a asentarse cuando entra en escena el que sería su principal guionista, Don McGregor, y despega ya de forma definitiva cuando el dibujante P. Craig Russell se hace con los lápices de la colección y va, número a número, desarrollando su estilo preciosista y delicado.

Argumentalmente, la serie no está por encima de otros tebeos americanos de la época: la premisa, ese grupo de personajes embarcados en una búsqueda personal que recorren el mundo y se enfrentan a distintos peligros, no deja de ser clásica. Su mayor atractivo es, sin duda el entorno en el que se desarrolla, esa curiosa mezcla de fantasía oscura y ciencia ficción a lo Mad Max (aunque varios años anterior a la película de Miller) que en manos de Russell cobra personalidad propia y la aparta, visualmente ya que no en su argumento, de los otros cómics que Marvel estaba editando por aquel entonces.

Años más tarde, McGregor y Russel se unirían de nuevo para crear una novela gráfica sobre Killraven, que esta edición de Forum incluye al final del segundo tomo. Desgraciadamente, si bien en la serie regular el blanco y negro no entorpece su visionado, la novela gráfica pide a gritos ser leída y disfrutada en los colores originales, algo que solo podrán comprobar los afortunados poseedores de la edición que Forum hizo en los ochenta.

Hace tiempo que quería agradecer públicamente a Forum (o Planeta-Comic o como demonios se llame ahora) la labor de recuperación de material clásico (tanto con Marvel en su momento, como con la DC en la actualidad) que que ha emprendido con verdadero entusiasmo de unos años para acá. Cierto que cabría preguntarse si tanta reedición de material antiguo no tiene sus verdaderas raíces en el escaso interés del material nuevo, pero en todo caso, en los últimos tiempos hemos podido acceder a tebeos fundamentales para la historia del género de superhéroes y, lo que es más importante, a un precio muy asequible y en ediciones, por lo general, dignas y cuidadas. Este Killraven es un botón de muestra más, y nos permite acercarnos a un periodo en el que la Marvel intentó explorar caminos distintos a los habituales en sus colecciones, unos años setenta en que, si bien los superhéroes siguieron siendo los reyes, la ciencia ficción, el terror o la fantasía empezaron a tener su hueco en los tebeos americanos.

Fue un periodo que acabó, como todo acaba, pero ahí están cómics como Killraven para recordarnos que no fue un intento inútil y que las obras de esa época aún pueden ser interesantes para un lector actual.

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