Mimi

En algún lugar entre los mundos, camina.

Con cada paso, explora nuevos territorios, abre caminos que antes no existían, crea universos que no eran más que una semilla y llena lugares que parecían vacíos para siempre.

Aunque no guarda memoria de su vida anterior, a veces su pequeña cabeza se llena de imágenes que no comprende pero son bienvenidas. En ellas, se apoya en un regazo en el que siempre es bienvenida, mordisquea unos dedos que luego recorren su lomo y acarician su espalda, duerme tranquila sabiendo que, a su lado, alguien vela su sueño; que, en realidad, las dos se velan mutuamente el sueño la una a la otra y, aunque dormidas, se protegen de todo aquello que acecha más allá de la vigilia y que no tiene nombre.

Sigue caminando, siempre entre los mundos, aún indecisa. No sabe, de todas las opciones posibles, cuál va a elegir. Tal vez todas, por qué no. Al fin y al cabo, tiene vidas más que suficientes.

A lo lejos, en el lugar que los humanos llamamos el mundo real, la que fue su dueña aunque nunca la poseyó, se despierta de repente y nota dentro de ella un hueco que nadie puede llenar.

En algún lugar entre los mundos, sigue caminando. Tranquila y sin prisas. Como si tuviera todo el tiempo del mundo…

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