Error humano

Desde su primera novela, El club de la lucha, Palahniuk se ha estado paseando una y otra vez a lo largo de las fronteras del fantástico, fronteras que cruzó de forma explícita con Nana, donde leer la nana infantil que da título a la novela produce la muerte de quien la oye y en la que una agente inmobiliaria hace su agosto especializándose en vender, una y otra vez, casas encantadas. (Un negocio redondo, por cierto. Ya podía funcionar en el mundo real, sería la leche.)

Palahniuk tiene un talento envidiable para observar el lado más grotesco y estrafalario de la vida y construir literatura a partir de él. Lo ha hecho en todas sus novelas y lo repite ahora en este Error humano, una recopilación de artículos periodísticos con un único hilo conductor: lo extravagante, lo extremo, el lado más freak de la vida.

El libro se articula en tres secciones, y curiosamente la que a priori parecía la más interesante, la segunda, es la que resulta más decepcionante. Se trata de una serie de perfiles y entrevistas de personajes más o menos célebres (Marilyn Manson viviendo su personaje como si realmente se lo creyera y haciendo una lectura de su propia vida en clave de Tarot, Juliette Lewis tratando de demostrar con una machaconería conmovedora y digna de mejor causa que la cienciología es algo más que un camelo), que termina convirtiéndose en una sucesión de tópicos y lugares comunes que no son debidos tanto al enfoque (generalmente interesante) que el autor da a sus retratos sino a la falta de sustancia de los retratados. Aunque me pregunto si eso no estaría en el ánimo de Palahniuk desde un principio: mostrarnos que en realidad los famosos viven acosados por las mismas tonterías, supersticiones y banalidades disfrazadas de trascendencia que el común de los mortales. Que son igual de mediocres, pardillos y patéticos que nosotros y que, al final, creen en las mismas bobadas sin sentido. Quizá.

La tercera parte son artículos de índole bastante más personal, y muchos de ellos giran alrededor del vuelco que dio la vida del autor cuando su primera novela se convirtió en una película de culto y todo lo que le ha pasado desde entonces: por medio de anécdotas breves que van de lo gracioso a lo sarcástico, pasando por lo triste y lo estrambótico, Palahniuk traza un retrato de sí mismo interesante, aunque uno no sabe hasta qué punto real. Al fin y al cabo, la premisa del oficio de escritor es la mentira: una mentira que clava sus más hondas raíces en la realidad, claro, pero mentira al fin y al cabo.

Por último, la primera sección del libro se compone de varias crónicas de eventos que trazan un mapa, impresionista pero vívido, de una América desorientada y perdida, que desahoga su rabia, sus miedos y su estrés en rituales sin sentido que, sin embargo, tienen un efecto claramente catárquico para sus participantes. Narradas con un tono distante, indiferente, que en última instancia acentúa lo estrafalario y ridículo de lo que cuenta, estas crónicas se centran en acontecimientos tan surrealistas como un festival del testículo o una pelea de cosechadoras. Palahniuk nunca juzga lo que ve, se limita a presentarlo ante nuestros ojos con un lenguaje casi aséptico. La trampa, si es que hay tal cosa, no está en cómo narra las cosas, sino en qué aspectos de ellas ha decidido narrar y mostrar.

Pero, sobre todo, la mayor virtud del libro es que este es un viaje a los mecanismos mentales de Palahniuk como escritor, al lugar de donde saca sus delirantes ideas, sus situaciones inverosímiles y sus personajes grotescos.

Ese lugar, por supuesto, no es otro que el mundo real.

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