Sí, padre, seré un murciélago

Batman Begins

Estaba dispuesto a mostrarme benévolo con ella, lo reconozco. Me bastaba con que me hiciera olvidar el despliegue desenfrenado de horteradas, neones y despropósitos que había sido la principal aportación de Joel Shumacher al personaje y que a punto había estado de cargarse la franquicia. Y lo consigue. Pero, no contenta con ello, deja muy atrás los Batmans de Burton (especialmente el segundo, hasta ahora mi favorito) y logra alzarse como referencia de lo que debe ser una adaptación modélica a la pantalla de un personaje de cómic.

Y lo hace con una película que, en cierto modo, va a contracorriente de lo que es el cine de aventuras actual. Nada de ritmo enloquecido y sin sentido, de batallitas y peleas donde los efectos especiales se erigen en protagonistas ahogando los personajes en el proceso o de esa obsesión (que a menudo esconde una clara carencia de habilidades narrativas) por meter al espectador en un carrusel desenfrenado en el que nada importa lo que ocurra con tal de que ocurran muchas cosas.

Christopher Nolan y su co-guionista, David S. Goyer, han tenido el acierto de tomarse su tiempo para perfilar los personajes con acierto, recrear su entorno de un modo adecuado y, sobre todo, integrarlos en una historia que no insulte la inteligencia del espectador; una historia donde las cosas pasan por un motivo y no porque “molen” o sean impactantes visualmente. Para hacer eso han acudido con abundancia a Frank Miller (la sombra de su Batman Año Uno sobrevuela toda la película y se hace explícita en la secuencia desarrolllada en Arkham y en el momento final en el que el hombre murciélago y el teniente Gordon se encuentran junto a la bat-señal) y, como ya hiciera éste en su momento, han sabido darle a la película un tono entre cine negro, historia de búsqueda personal y narración de aventuras en la que, sorprendentemente, ninguno de los elementos ahoga al otro. De hecho, si tuviera que definir esta película con una sola palabra, sería la de “equilibrio”.

Otro de los grandes aciertos del film es el casting, pese a que a primera vista Christian Bale no me parecía el actor adecuado para encarnar ni a Batman ni, mucho menos, a Bruce Wayne. Sin embargo, consigue hacernos creíbles a ambos y al espectador le es fácil, casi inevitable, compartir las motivaciones de ese joven huérfano obsesionado por la justicia que termina convirtiéndose en un vigilante enmascarado. Completan el reparto un excelente Michael Caine como Alfred (ninguna sorpresa por ese lado: Caine siempre está bien, haga lo que haga), un contenidísimo Gary Oldman (y eso sí que resulta sorprendente) interpretando a un Gordon que es el único policía honrado en una ciudad corrupta y un Liam Neeson que, por momentos, parece estar repitiendo su papel de mentor Jedi en La amenaza fantasma, aunque luego su personaje da un giro (quizá previsible, pero sin duda coherente) bastante más interesante.

Para mí, este Batman begins ha sido una de las grandes sorpresas cinematográficas de este año. Quizá el hecho de que mis expectativas ante ella no fueran muy grandes y que haya sabido cumplirlas y rebasarlas abundantemente, ha tenido algo que ver en el asunto, sin duda. Pero ha sido refrescante encontrar una adaptación de un cómic de superhéroes que se toma su tiempo en contarnos una historia interesante y, por el camino, no pierde la esencia del personaje y de su entorno. Junto con el X-Men 2 de Brian Singer y el primer Superman de Richard Donner, Batman begins es una de las mejores traslaciones que he visto del universo cuatricolor de los tebeos de superhéroes a la pantalla.

Lo cual me recuerda que falta ya poco para que podamos ver el Superman returns de Singer. El Hombre de Acero es un personaje que no tiene menos potencial que Batman pero, al contrario que en el caso del Hombre Murciélago, resulta mucho más difícil de trasladar a la pantalla de forma creíble. Singer es un buen director y ama el personaje lo que, sobre el papel, debería ser una garantía.

Ya veremos.

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