Más papistas que el papa

No conozco todos los detalles de cómo ha sido la historia, pero, hasta donde me he podido enterar, parece ser que alguien que ocupa un cargo más o menos importante en la Iglesia (no estoy seguro de si cardenal, obispo o qué) le ha pedido al rey que, como buen católico, se niegue a refrendar con su firma la ley del matrimonio (habitualmente llamada, por cierto, “del matrimonio homosexual”, como si sólo regulase eso; pero mejor no nos metemos en ciertas honduras del papanatismo periodístico o de la “desinformación” deliberada por parte de de algunos medios). Juan Carlos I ha manifestado que él es rey de España, no de Bélgica y que ni en sus más locos sueños se le ocurriría negarse a cumplir con sus funciones y no firmar una ley del país. El estamento eclesiástico se ha apresurado a salir al paso y decir que ellos nunca han pedido al rey que se niegue a firmar nada y que, en todo caso, se trató de una iniciativa aislada de una sola persona, no de la Iglesia como tal.

Hasta ahí, la noticia escueta. Un obispo mete la pata. El rey se niega, como es de rigor, a caer en la trampa, y el estamento eclesiástico desautoriza oficialmente a la persona que lo inició todo.

Hasta ahí… si no fuera por el empeño de un puñado de periodistas en ser más papistas que el Papa y empezar a cantar las loas y alabanzas de ese rey tan maravilloso que tenemos que, a pesar de todas las tentaciones que han salido a su paso, ha sabido resistirse y cumplir con su deber. Ese ha sido más o menos el inicio de un panegírico desenfrenado que he podido oír estos días en diversos medios, donde a los locutores se les llenaba la boca magnificando el gesto real y convirtiendo lo que no es otra cosa que el cumplimiento de las funciones de su cargo en un acto heróico, casi homérico.

Señores, el rey no ha hecho otra cosa que cumplir con sus funciones: y una de ellas es refrendar las leyes con su firma, sin que la opción de negarse a hacerlo esté presente en momento alguno. Punto. Eso ha sido todo. El rey no se niega a firmar ni esa ley ni ninguna otra porque no puede negarse, al menos en tanto en cuanto quiera seguir siendo rey. Eso es todo. No ha habido heroicidad alguna ni muestra de talante ni ninguna otra de las tonterías que he oído esos días. Simplemente, una persona que trabaja para el estado ha afirmado que, por la descripción de su puesto, no puede negarse a la firma de una ley. Lo mismo que un funcionario en una ventanilla no puede negarse a tramitar una petición que cumpla los requisitos legales necesarios. Eso es todo. Ni el funcionario es un héroe cuando da trámite al papeleo pertinente, le guste o no de qué va la cosa, ni lo es el rey cuando firma una ley, esté de acuerdo con ella o no.

Así que tal vez un poco más de perspectiva al echar una mirada a lo que pasa y un poco menos de espíritu hagiográfico al comentar los actos de determinadas personas, sería de agradecer. Soy el primero (pese a mi poco agrado por una institución como la monarquía; y especialmente por ciertos representantes de la monarquía borbónica) en tenerle simpatía a nuestro rey actual y en reconocerle que supo echarle huevos en dos o tres momentos importantes para el futuro del de país. Pero no saquemos las cosas de madre, por favor.

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