Eurovisión, bondage y sexismo

Leo en el periódico, con cierto estupor, que algunos colectivos bienpensantes, adalides de lo políticamente correcto, se han echado encima de la canción que este año nos va a representar en el Festival de Eurovisión. La verdad es que me resulta chocante que alguien esté tan ocioso (y que tenga una vida tan poco gratificante o tan aburrida) para dedicarse a buscarle cinco pies al gato a la letra de una canción festivalera y escudriñarla con lupa en busca de pensamientos inconvenientes. Pues no, me equivocaba, la policía del pensamiento está ojo avizor y ha encontrado un nuevo ejemplo de sexismo y perpetuación de esterotipos caducos en las siguientes frases:

tú me dominas con sólo mirarme
y no hacen falta cuerdas para atarme

Y no es para menos, a poco que lo pensemos. No podemos consentir en pleno siglo XXI frases como ésas, claramente falócratas, indudablemente apologéticas de la dominación de un sexo sobre el otro, toda una loa al macho prepotente, arrogante, superior que con sólo una mirada convierte a la mujer en una esclava sumisa y dispuesta a todo con tal de complacerlo. Qué escándalo.

Pero eso no es lo peor. No. Fijáos en el segundo verso. ¿No está, acaso incitando a la violencia de género? Pues no, en realidad creo que no, que va mucho más lejos, es más perverso aún de lo que parece a primera vista. Sí, amigos y vecinos, que diría Stephen King, ese segundo verso es tan sibilino, sutil, taimado que nuestros astutos censores de lo políticamente correcto no han comprendido su verdadero alcance. Esas cuerdas que al protomacho de pro no le hacen falta para atar a la hembra no son una metáfora de los malos tratos sino, más pérfidamente aún, una clara referencia a esa perversión sexual llamada bondage. Sí, ahora es cuando yo me indigno, sin duda: qué atrevimiento, qué osadia. Qué guarrada, por Dios.

Alarmado, me abalanzo sobre mi biblioteca. Abro un libro tras otro, los leo con mirada febril. Y sí, lo encuentro. Comprendo que se trata de una conspiración y que, bajo frases aparentemente inocuas, un colectivo en la sombra está llenando de pensamientos poco edificantes todo cuanto nos rodea. “Maté dos pájaros de un tiro”, leo con horror y me doy cuenta de que en realidad el autor de esa frase no está usando un cliché para decir que ha hecho dos cosas a la vez (si esa hubiera sido su intención habría podido decir “liberé dos palomas al mismo tiempo”, con lo que de paso habría aleccionado nuestro espíritu y nos habría puesto un poco más en comunión con la naturaleza) sino que está haciendo una clara apología de la criminal matanza de especies protegidas. Tengo que avisar a Green Peace. Esto no puede quedar impune.

Pero es peor. “Ella era ligera de cascos”, leo en otro libro. Qué horror, qué espanto, qué atrevimiento. ¿Acaso el autor de ese engendro infernal no podría haber dicho para referirse a lo mismo “ella ejercitaba su indudable y legítimo derecho a la libertad sexual con un cierto desenfreno”? No, claro, ahora comprendo que tras todo ese cúmulo de frases hechas un grupo en la sombra (¿serán los Iluminati, los descendientes de los Templarios, el Vaticano oculto, los Lemmings del Juicio Final, los Oligofrénicos del Santo Grial, la Hermandad del Scrabble Cabalístico? ¿Quiénes?) está aprovechando para contaminar nuestro pensamiento y apartarlo de los altos ideales de igualdad, respeto y no discriminación que tienen que ser, por fuerza, nuestro objetivo.

Comprendo, entonces, que se haya destapado la liebre sobre algo tan banal como una canción festivalera. Porque ahí es donde se hace el verdadero daño, me digo. Es precisamente en las pequeñas cosas, en los detalles triviales, donde la perversión ideológica penetra con más fuerza. No, nadie me convencerá que eso de “atarme sin cuerdas” no pasa de ser una metáfora vulgar y sin mayores pretensiones. Es, claramente, intencionado, retorcido, dañino. Y parte de una conspiración de alcance mundial.

En fin. Iba a seguir, llevando la cuestión a un grado todavía más absurdo pero, francamente, no me apetece. El papatanismo de lo políticamente correcto está llegando a unos extremos tan surrealistas que cualquier cosa que yo intentara para igualarlo se quedaría corta. Así que mejor lo dejamos.

Pero no puedo hacerlo sin una última reflexjón: si la misma letra, las mismas expresiones hubieran sido usadas por un cantante masculino en lugar de por un trío de mujeres, ¿qué habría pasado? Si quien dijera al ser amado eso de tu me dominas con sólo mirarme y no hacen falta cuerdas para atarme fuera un hombre y no una mujer, ¿habrían saltado esos grupos defensores de la igualdad y la no discriminación sobre la letra de la canción?

Permitidme que lo dude.

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