Carrera de fondo

Últimamente he descubierto, con cierta sorpresa, la proliferación de las editoriales de autoedición. Ya sabéis a qué me refiero: esas editoriales donde uno puede publicar su obra a cambio de que financie, parcial o totalmente, la edición. Algunas editoriales se conforman con cobrarle al autor la maquetación del libro, otras la maquetación y la impresión y otras llegan al extremo de hacer que sea el propio autor el que, además de haberlo pagado todo, distribuya también el libro.

Curiosamente, ese tipo de inventos están floreciendo. Multitud de pequeñas empresas parecen haber visto el negocio en el asunto y, sin duda, deben de estar obteniendo buenos beneficios. No es de extrañar, al fin y al cabo. La inversión que exige una empresa como esa es mínima (a veces, directamente, ninguna) y los beneficios están asegurados.

No me sorprende, por tanto, que alguien se plantee abrir un negocio de esas características. Al fin y al cabo, los riesgos económicos son casi inexistentes. Y si te va bien puedes sacarte un dinerillo bastante jugoso.

Sí que me resulta sorprendente, sin embargo, el que les esté yendo tan bien.

Supongamos que soy un autor joven y hambriento de publicar. Mi aspiración es, con el tiempo, convertirme en un escritor profesional. La literatura no es para mí un hobby, una agradable afición de fin de semana. No, lo mío va en serio; estoy aquí para quedarme.

No consigo publicar e las editoriales «tradicionales», o quizá ni siquiera lo he intentado con ellas (tal vez tengo miedo de no estar a la altura de sus exigencias, o puede que considere que no me van a publicar por ser un desconocido, como si los autores famosos hubieran nacido siéndolo). Una editorial de autoedición me ofrece la publicación de mi novela. Me envían una carta donde se deshacen en loas y alabanzas sobre mi obra (mi estilo, mi personajes, mi trepidante manejo de la trama, mi inventiva para crear mundos fantásticos a la vez que plausibles… todo eso) y me dicen que, no sólo estarán dispuestos a publicar mi obra, sino que para ellos será un privilegio hacerlo. A cambio lo único que tengo que hacer es financiar la maquetación y la impresión del libro (digamos unos 6000 euros) y, si de paso les ayudo a venderlo y distribuirlo, pues mucho mejor. No voy a cobrar mucho al principio, hasta que se amorticen los gastos de edición (¿qué gastos?, me pregunto, si yo lo estoy pagando todo) pero como no dudan que mi libro será un éxito editorial -su calidad y vitalidad hacen imposible que fracase-, seguro que enseguida empezaré a recibir derechos de autor.

Hay otra versión de eso último, mucho más halagadora para mi ego y que, de paso, parece una explicación plausible para el hecho de que en las editoriales «tradicionales» me hayan dado con la puerta en las narices: mi obra es buena, increíblemente buena. Pero al mismo tiempo es tam rompedora, tan original, tan innovadora, que otras editoriales no están preparadas para asumir el riesgo de su publicación. Es más, puede que el mercado, el público aún no esté preparado para una novela tan innovadora. Así que es posible que, pese a la calidad contrastada de mi trabajo, éste no se venda bien. Pero ellos confían en mí, y van a arriesgarse y publicarme. Porque lo merezco.

Ante esa oferta se me plantean varias preguntas:

  • ¿Hasta qué punto la valoración entusiasta que hacen de mi trabajo tiene la menor validez? Quiero decir, ellos van a cobrar tanto si la novela que les mando es buena como si se trata de una basura infecta. Si un editor que está dispuesto a arriesgar su dinero con lo que publica, me dice que mi novela es buena, podré darle cierto peso a su opinión. Al menos el de que considera que conmigo puede realizar una inversión fructífera. Pero no le daré mucho crédito a su valoración de mi obra si el que me dice eso es alguien que no arriesga un duro y que, además, va obtener beneficios tanto publicando basura como buenas novelas. Por lo tanto, ¿qué otro propósito tiene decirme que soy un escritor maravilloso más allá del de satisfacer mi ego y, de paso, cegarme ante lo evidente?
  • Veamos. Si yo financio la novela (y en algunos casos hasta la distribuyo), ¿para qué les necesito? ¿Para que pongan su sello editorial, su logotipo? ¿Acaso no puedo ir yo mismo a una imprenta, pedirles un presupuesto y encargarles directamente la impresión de mi obra? Tal vez si lo haga descubra que esos 6000 euros de los que me hablaba la editorial se reducen a unos 2000, puede que incluso menos.
  • Puede que no tenga ningún interés en lanzarme al mercado, en abrirme un hueco y competir con otros autores. A lo mejor para mí la literatura es un hobby y me siento satisfecho con que mi obra sea conocida entre mis parientes y amigos. Perfecto. Una opción totalmente legítima. Pero en ese caso puedo publicarme yo mismo, sin necesidad de un intermediario que me va a encarecer, necesariamente, los costes.
  • Si ningún editor «tradicional» está dispuesto a arriesgar su dinero conmigo y sólo aquellos que van a obtener beneficio de mí sin arriesgar nada quieren publicarme, ¿no será quizá el momento de plantearme que a lo mejor aún no estoy maduro para publicar, que quizá todavía no soy lo suficientemente bueno, que debo seguir trabajando y tratando de mejorar?

Comprendo el entusiasmo, las ganas de publicar, el «hambre» por ver al fin tu nombre en letras de imprenta y que los demás te lean y te valoren. He estado allí. He enviado novelas a editoriales que nunca me las devolvieron, o si lo hicieron fue con una nota (unas veces amable, otras escueta) en la que me informaban de que mi novela no les parecía adecuada para su línea editorial. Pero nunca, ni en mis momentos más bajos, se me ocurrió pagarle a alguien para que me publicara. Mi pensamiento fue: «Si aún no me quieren publicar, tengo que seguir currando. Y llegará un día en que sea tan bueno que no les quedará más remedio que abrirme las puertas.»

El escritor es el primero que debe tener confianza en su trabajo (lo cual, al mismo tiempo, no debe cegarle ni adormecer su sentido de la autocrítica) y una de las cosas que implican esa confianza es que, si lo que escribo es bueno, lo es lo bastante para que alguien arriesgue su dinero y emplee su tiempo en publicarlo. Y si no encuentro a nadie dispuesto a hacer eso, a lo mejor es que aún no soy lo bastante bueno, por más que mis padres, mis tías y mi novia juren y perjuren que soy un escritor cojonudo.

Lo otro es tomar el camino fácil y, de paso, devaluarte a ti mismo. Al menos si tu aspiración a la hora de escribir es que los demás te lean; si lo que quieres es llegar a un público lo más amplio posible y competir en el mercado, en los estantes de las librerías, con todos los demás autores. Y que sea el público el que decida quién merece la pena o no.

Quizá el éxito de estas editoriales de autoedición se debe a esta época en la que vivimos, en las que se enseña a las nuevas generaciones que el esfuerzo, la disciplina y el trabajo constante y continuado no sirven para nada; que, al fin y al cabo, todo es cuestión de gustos y lo bueno y lo malo no existe; y que, por último, todas las opiniones son iguales.

Y sí, todas los son, en el sentido de que, por su misma naturaleza de opiniones, son subjetivas. Pero no todas se basan en argumentos igualmente válidos. Y quizá es hora de recordar eso de una vez.

De recordar que cuando alguien que arriesga su dinero en publicarte te dice que eres bueno, tiene quizá argumentos más sólidos que el que no arriesga nada en el asunto y va a obtener beneficios de ti independientemente de la calidad de tu obra. De recordar que tal vez la opinión de tus familiares y amigos esté tamizada por su relación emocional contigo y no va tener argumentos tan sólidos como los de un desconocido que ha hecho de su profesión publicar libros y ganar dinero en el proceso. De recordar que, a lo mejor, lo que te impide acceder al mercado no es una astuta conspiración editorial o una taimada mafia de autores consagrados, sino el hecho, puro y simple, de que no eres todavía lo bastante bueno y debes seguir trabajando.

Y, sobre todo, recordar que la vida no es justa (sólo más justa que la muerte, como decía William Goldman) y que nada ni nadie te garantiza el éxito. A lo mejor, nunca eres lo bastante bueno.

O a lo mejor sí.

3 comentarios

  1. Todo lo que dices ahí yo también lo he pensado. Es cierto. Hace unos años yo me veía un escritor genial y estaba equivocado. Un profesor amigo me lo dijo: “Pedro, tienes que trabajar más; tu idea es genial, pero, insisto: tienes que trabajar más”.
    Así que cinco años de trabajo intenso con mi primer libro me han llevado a la conclusión de que ya casi está y además es un bombazo. ¿Y ahora qué? Pues resulta que las editoriales tradicionales no invierten dinero en desconocidos y las excepciones tienen una explicación que no conocemos.
    Yo voy leyendo todo lo que se dice por ahí respecto a las autoediciones y, como en todas las cosas, hay bueno y malo. Ahora estoy negociando con una multinacional y no llega el asunto ni a los dos mil. Así que anímate, que tú escribes bien.

  2. El planteamiento que expones me parece muy correcto y realista. Por eso respondo.
    Mi caso empezó como el tuyo y,al final, organicé mi propio sistema.
    Fundé CiÑe (Círculo independiente Ñ de escritores) y Mandala & LápizCero ediciones, luego me asocié con una distribuidora. Y nos lanzamos.
    La cosa no es nada fácil cuando topas de lleno con el mercado.Editar no tiene dificultades, pero luego la promoción, distribución y venta sí.
    Nosotros estamos creando un sistema independiente y consiguiendo resultados poco a poco. Pero este mundillo es realmente complicado. Te encuentras, por ejemplo, que las librerías no admiten tus libros porque eres un escritor desconocido, aunque seas distribuido correctamente. Y tienes que campear el temporal y ponerle imaginación.
    Nosotros hemos creado nuestra propia librería virtual, El León Ensimismado, y hemos llegado a un acuerdo con la Casa del Libro para que nuestras obras estén presentes.
    La verdad es que es un infierno estar todo el día discutiendo con distribuidores y libreros cuando no eres nadie. Ellos sólo quieren rentabilidad, y es normal, es su negocio.
    Hay que usar la imaginación.
    Otra cosa es lo que me encuentro con algunos escritores que ya se consideran geniales y, para ellos, todo es negativo porque no les llevas directamente al Parnaso.
    Yo soy músico también y aquí estamos todos usando la autoedición para sacar nuestras cosas. Normal, es algo que se ha hecho siempre, intentando alcanzar el reconocimiento del público que es quien decide en última instancia.
    Yo no envío cartas de reconocimiento ni nada por el estilo, simplemnete espero que, como editor, la obra sea publicable, tenga calidad y el autor esté dispuesto a luchar por ella con nuestro apoyo. Luego ya veremos.
    Es una inversión que uno hace y tiene que tenerlo claro.
    Uno tiene que elegir. Eso es todo.

    Pedro Tugores habló conmigo, creo recordar que quería lanzarse a lo grande, pero yo tenía mis dudas, no con la calidad de su obra sino por la habitual respuesta del mercado que ya he comentado.
    Al final creo que organizó su propio proyecto. Me parece muy bien, es lo que yo hice. Pero, a estas alturas,ya se habrá dado cuenta de lo que vale un peine.
    Te deseo mucho éxito, Pedro. Y a todos los que quieren que su obra salga adelante y se esfuerzan en ello.
    Es lo que hay que intentar si uno lo cree conveniente, pero asumiendo los riesgos.
    En cuanto al editor, sólo tengo que decirte que no vas a salir de pobre. Trabajas como un negro y no sales de mileurista. La ventaja es que haces algo que te gusta y en lo que crees y, en mi caso, que soy escritor, más.
    Espero poder llegar mucho más allá con la ayuda de todos los que formamos CiÑe (Círculo independiente Ñ de escritores) y el equipo del Proyecto Mandala & LápizCero (PM&LC).

    Abrazos

    Xavier de Tusalle
    http://www.circuloindependiente.net
    http://xavierdetusalle.blogspot.com

  3. Escribes muy bien. No es fácil encontrar a alguien que escriba bien. No te desanimes. Desarrolla tus IDEAS con la fluidez que utilizas en tu blog.
    El éxito es otra cosa.
    Quizá, para triunfar, debieras escribir peor.
    Un abrazo.

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