Corría el año 1980. Acababa de descubrir la revista Nueva Dimensión, dedicada a la ciencia ficción y donde se hablaba mucho de unas cosas a las que llamaban fanzines, que al parecer eran revistas hechas enteramente por aficionados, que generalmente consistían en poco más que un grupo de hojas fotocopiadas y grapadas. (Aunque había excepciones, como el lujoso Space Opera que editaba Miguel Ángel Martínez desde Madrid).Con quince años, lleno de entusiasmo, inconsciencia y, probablemente, un atrevimiento sin límites debido a la ignorancia, decidí editar mi propio fanzine. Para mi sorpresa descubrí que no era el único loco al que aquello le pareció buena idea: dos compañeros de clase, Javier Cuevas y Antonio Fontela se embarcaron en el proyecto con el mismo entusiasmo, inconsciencia y atrevimiento sin límites.

Extrange Aparatus 2

Antonio se encargó de las ilustraciones del fanzine, además de adaptar el cómic algunos de mis relatos de entonces (“Elecciones”, “¿Engañar a Satán?”, “Reclutamiento”; no, no los encontraréis en la bibliografía de esta página: hay cosas sobre las que es mejor que caiga el olvido) e iniciar su propia adaptación a las viñetas de la novela de H. G. Wells La máquina del tiempo. Javier publicó un cuento, “Diario de un avistamiento cachondo (extracto)” y los dos primeros capítulos de una novela de ciencia ficción que estaba escribiendo por aquel entonces, Mi primera guerra, un space opera muy influido por La Guerra de las Galaxias, pero que ya entonces apuntaba garra y ritmo, dos de los elementos que han acompañado a Javier como escritor desde el principio. Completamos la cosa con algún artículo, fotocopiamos los veinte o treinta ejemplares que nuestra paupérrima economía nos permitía y vendimos el engendro entre nuestros compañeros de clase.

Y lo compraron. Para que luego digan que los milagros no existen.

El invento duró dos números durante los que nos lo pasamos de miedo y estábamos preparando el tercero (que iba a incluir un cómic maravilloso llamado “Bananaville: el día de la liberación”, escrito por Javier e ilustrado por Antonio y que revisitaba El planeta de los simios en clave de parodia) cuando, por una cosa o por otra, decidimos dejarlo y cada uno de nosotros se dedicó a otras cosas. No lo olvidéis: estábamos en la adolescencia; teníamos asuntos más importantes de qué ocuparnos.

Cabecera de "Extrange Aparatus"

Aún hoy el fanzine (llamado por mí Extrange aparatus; no me preguntéis qué quería decir ni con el nombre ni con la sorprendente ortografía) surge a menudo en las conversaciones entre Javier yo. A Antonio no le vemos mucho, pese a vivir en la misma ciudad. Aunque, sorprendentemente, solemos encontrarnos (en la calle, en la Feria de Muestras, en una cafetería) con una regularidad sorprendente más o menos una vez cada año y medio. De hecho, le vi ayer y, como no podía ser menos, el Extrange Aparatus asomó, una vez más, a nuestra conversación..

¿Hace falta que diga que me encantaba el logo que Antonio diseñó para el fanzine, con el Alien recostado y leyendo nuestra publicación?

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