La princesa prometida, edición 30 aniversario

Acabo de terminar de leer, una vez más, La princesa prometida, ahora en la edición especial que se realizó para conmemorar el veinticinco aniversario de la novela. Esta edición incluye un nuevo prólogo del autor, William Goldman, donde habla del proceso, largo y doloroso, que tuvo lugar hasta que su novela fue adaptada al cine. También incluye un apéndice en el que podemos leer el inicio de una continuación que jamás se terminó.

Por supuesto, en las partes nuevas Goldman mantiene el juego metaliterario que ya estaba presente en la edición original: fingir que no fue él, sino Morgensten, el autor de la novela, y que él se limitó a compendiarla para el público moderno, aligerando la obra original de sus partes más plomizas. Es un juego en el que Goldman se desenvuelve como un maestro, mezclando anécdotas reales con ficticias, engarzando partes de su auténtica vida con la ficción, de modo que uno tiene dudas, en determinados momentos, de si lo que nos está contando es real o es parte del juego.

Supongo que esa es una de las características de la buena ficción: el hacernos considerar la posibilidad de que no sea tal ficción.

Como digo, esta nueva edición me ha gustado, y las partes nuevas no desentonan con las antiguas: al contrario, las complementan, e incluso completan, a la perfección.

Pero, como siempre, lo que me sigue gustando es la novela en sí, esa historia en la que el romanticismo más ingenuo y la ironía más mordaz van de la mano como si estuvieran hechos el uno para el otro. Y, por supuesto, aún sigue maravillándome su frase final: “Ahora bien, también debo decir, por enésima vez, que la vida no es justa. Sólo es más justa que la muerte. Eso es todo”.

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